16 de Septiembre, 2006

LA HIJA DE ZEUS

Por PEREGRINO - 16 de Septiembre, 2006, 12:02, Categoría: General

Ayer, luego de mucho tiempo estuve por Aura, si  aunque no lo crean este veterano de 3X años aún puede aparecer por dicho local sin llamar tanto la atención, el tema es que fuí por que una buena amiga parte hacia europa por un lapso y era su despedida; en fin, ese no es el tema, sino que el hecho de estar ahí me hizo recordar la única vez que fui acompañado de una diosa, no de una mujer bonita o bella, sino de una diosa.

Hace varios años atrás un buen amigo mio me pidió que le hiciera el favor (hasta ese momento pensé que así era) de entretener de alguna manera a una de las sobrinas de su esposa que había llegado de Argentina, llegaron dos en realidad pero esta propuesta la hizo de manera conjunta a otro amigo en común; evidentemente como el caballero que soy, y la pasión nunca reprimida por las argentinas, accedí; únicamente sabiendo que ambas chicas eran simpáticas.

Para conocerlas nos juntamos en un Chifa conocido de un club conocido, llegamos a la hora pactada y lo que encontramos fue mucho, mucho, mucho mas de lo que esperamos en algún momento; el impacto fue tremendo, una era la hija de una diosa menor y la otra sencillamente era la hija de Zéus.

Ambas altas, pero no tanto, ambas con un cuerpo de cirugía plástica, ambas con ropa hecha para que sean vistas las usuarias; una de pelo marrón, no tan corto no tan largo, ojos caramelo en punto de nectar y una cara de modelo emergente; la otra, rubia, de pelo largo hecho para perderse, de ojos azules que podían ser el punto de inicio de un viaje a las profundidades enmarcada por una cara hecha para detener corazones.

Nuestra felicidad no podía ser mayor, eran un par de esos a los que uno no tiene acceso normalmente, era como tener entrada gratis a un canal de cable de modelitos, un sueño hecho realidad y fue una de esas veces en que sentí que el haber ayudado me estaba ayudando a mi.

La comida transcurrió suave, sin embargo, no dejaron de ser lo que eran, un par de argentinas que se reconocian como bellas, acá y allá, con todos los engreimientos y vueltas que dos mujeres de ese calibre saben que les está permitido, eso y mucho mas; terminamos y nos dieron el teléfono para poder salir nuevamente, lo cual de por sí era un triunfo (obviamente a veces mi inseguriad natural puede mas y me corta).

Invité a la hija de Zéus a diversas actividades, la llevé acomer, la llevé a tomar, la llevé a bailar; y es en este punto donde llego a Aura, en realidad a Teatriz, si hace años de esto; ya habíamos salido varias veces y la conversación era cómoda, superficial pero cómoda, no había ni la mas mínima oportunidad de nada con ella, eso me quedó claro en la segunda salida, no estaba interesada, yo no era su tipo, si su juego, ni su nada; en el fondo no me importaba, únicamente salir con ella era un placer por si mismo, así como las noches que pasé sin ella pero con ella.

Llegamos a la puerta de la discoteca, y ella estaba tan pero tan increíble que no existía nada alrededor, no hubo colas, no hubo revisiones, no hubo pago de entrada; ella, tenía alfombra roja por donde avanzaba, ella era vip en todos lados, ella era dueña de locales y de miradas, de pensamientos impuros y puros, ella era dueña del presente y un poco del futuro.

Entre con la seguridad de estar en presencia de una diosa realmente y con la inseguridad de que yo no era el correcto acompañante, era impresionante lo que pasaba, ella caminaba, segura/altiva/decidida/sabiéndose, no miraba a nadie no era necesario todos la miraban a ella, flotaba hacia adelante y las personas se abrían como si ella fuera Moisés y ellos el Mar Rojo, un espectáculo impresionante; yo caminaba pegado a ella, con disimulada torpeza, sabiendo que estaba en una situación casi irrepetible, en medio de un sueño casi perfecto del cual no me daba la gana de despertar.

Ella me hizo sentir bien, no conversó con nadie, no miró a otro lado, me dedicó todas sus sonrisas, todas sus palabras, todas sus miradas, sólo bailó conmigo, y que manera de bailar. Era la época de la bachata, del merengue y gracias eso sentí su cuerpo pegado al mio, compartí su espacio donde no había espacio, fui capaz de sentir su olor a mañana de verano y mis  manos recorrieron las delicadas curvas de su espalda; nos reimos, conversamos y tomamos, fue una noche demasiado corta para alguien como yo, que vive del tiempo que otros le regalan.

Llegada la hora, nos retiramos, cansados y felices, yo por lo menos; no había perdido su encanto, la gente aún se apartaba de ella y podía sentir las miradas de envidia sobre mi cuello, pero luego de las horas con ella las podía disfrutar y complacerme con imaginar lo que ellos podíam imaginar. La dejé en su casa como un caballero, la bese suavemente sobre la mejilla y nos despedimos con la idea de vernos nuevamente antes de su partida.

Eso no pasó, no nos volvimos a ver, parte por que no se dio parte por que no quise, no necesitaba mas, hablamos por teléfono, me dio su correo y me prometió escribir, nos despedimos por la fría línea telefónica, le agradecí su compañía y lo que hizo por mí, aunque nunca lo supiera, colgamos y eso fue, no he vuelto a saber de ella, no recuerdo su nombre pero creo que en el fondo no importa, lo que me dejó, lo que puedo recordar es mio y de nadie mas.

Gracias diosa, hija de Zeus por lo que me dejaste, por hacer que mi soledad fuera mejor esos días contigo, por enseñarme que hay todavía esperanza, que existen las bellas e inteligentes, por hacerme creer nuevamente en que puedo.

Me desconecto.

Adeu...

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